lunes, 4 de noviembre de 2013

Orígenes del carnaval de PAPALOTLA

El carnaval en el municipio de Papalotla de Xicohténcatl es el producto de un sincretismo religioso entre el catolicismo y la religiosidad mesoamericana. Existen dos danzas de carnaval en donde se pueden apreciar un rico simbolismo proveniente de ambas formas de ver el mundo, estas son: la Muñeca y la Culebra. Los orígenes de la primera danza se remontan al pasado mesoamericano de los nahuas de la región del volcán la Malinche, en ésta, la diosa del agua Matlalcueyetl y el Niño Dios son parte fundamental de este proceso sincrético. Mientras que el origen de la segunda danza se remota al pasado mítico del pueblo, aquí el personaje principal es la Malinche que tiene la capacidad de convertirse en mujer serpiente.
Antes de la llegada de los españoles, los pobladores de Papalotla realizaban una serie de rituales de pedimento de agua en los meses de febrero y octubre para pedir agua y buenas cosechas, sin duda eran ritos agrícolas que coinciden con los meses de Atlcahualo y Tepeílhuitl, correspondiente al calendario mexica. Durante los rituales de pedimento de agua -actualmente conocido como Altepeilhuitl- se sacrificaba en lo alto del volcán la Malinche a infantes, esto, por la conexión que existe entre los niños con los tlaloques (ayudantes del dios Tláloc). En ese tiempo se creía que con tales rituales, la diosa Matlalcueyetl proporcionaría el buen temporal de lluvias y derramamiento de agua que existía con los arroyos que existen en la región. Con la llegada de los españoles a tierras tlaxcaltecas se emprendió un proceso de evangelización cuyo objetivo era erradicar toda práctica pagana vinculada con los dioses mesoamericanos, entre ellos, Matlalcueyetl. La religión católica emprendió estrategias para evangelizar a los antiguos nahuas, entre ellos la realización de obras teatrales para facilitar la conversión religiosa al cristianismo, y el más importante en el sur de Tlaxcala fue el Teatro Náhuatl. En ese entonces, los frailes estaban convencidos de la importancia del sacrificio infantil en el sistema de creencias de los nahuas, por tanto, con la obra la Adoración de los Reyes buscaban contrarrestar tales ritos. Esta obra de teatro hacía referencia a la persecución del Niño Dios para ser sacrificado por el ejército de Herodes, con esto, los frailes de alguna manera equipararon ambas prácticas religiosas para convertir a los tlaxcaltecas.
Durante la Colonia, las escenificaciones del Teatro Náhuatl cambiaron de rumbo, es decir, en lo sucesivo fueron prohibidas por el obispo de Tlaxcala Juan de Palafox y Mendoza. Las obras del teatro náhuatl en su matriz más profunda también contenían elementos de la religiosidad mesoamericana en torno a la realización de danzas rituales. En este contexto, los naturales de la región siguieron practicando los antiguos rituales en torno a la fertilidad de la tierra, siempre de manera oculta a las autoridades eclesiásticas. Más adelante, con la introducción del carnaval europeo en Tlaxcala, los indígenas nahuas vieron en tal celebración un medio a través del cual podían realizar sus rituales sin ninguna represión eclesiástica (dado que durante el carnaval se permite a los hombres realizar actividades que en la vida social ordinaria son normadas o prohibidas). Fue durante este período histórico que la deidad mesoamericana (Matlalcueyetl) y la católica (Niño Dios) terminaron por sincretizarse. Varios de los relatos que en la actualidad existen en torno al origen del carnaval en Papalotla sugieren que esta se dio a partir de la persecución del Niño Dios por parte de Herodes. Estos relatos forman parte de la Biblia y fue durante la Colonia en donde se arraigó esta creencia.



El carnaval en la actualidad

En la actualidad, el carnaval en Papalotla se realiza el domingo, lunes y martes antes del miércoles de ceniza. También el segundo, tercero, cuarto y quinto viernes después del inicio del carnaval, incluso invade el período cuaresmal en donde el papalotlence tiene que mediar entre las nociones de espiritualidad y recato, con las de trasgresión y caos que proporciona el carnaval.